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La grave crisis de la educación municipal en la ciudad de Punta Arenas no puede dejar a nadie indiferente. Es penoso percatarse que el debate respecto de la educación no ha registrado juicios de todos quienes están en la obligación moral de opinar. Como si no tuviera importancia política hay una bajada de tono del tema. No están asistiendo a clases los hijos de los sectores más vulnerables de la población. Son los mismos establecimientos educacionales, los municipalizados, que vienen por años quedando anémicos de alumnos ante una deserción hacia colegios de las otras áreas de la educación, en un deterioro que podría ser letal.

El imaginario colectivo sabe que la educación municipalizada ha sido administrada en el convencimiento de sus gestores, que los alumnos adherentes a ella difícilmente serán quienes asuman posiciones de liderazgo en la dirección política y económica de este país; pero, la segregación no sólo es social y política sino también geográfica. Ya nos hemos acostumbrado a aquello al parecer importante pero no decisivo: es en la capital de Chile donde la inteligencia del país mayormente se desarrolla y se proyecta. 

Esta coyuntura, con una educación municipal postrada en la capital de Magallanes, debiera transformarse en fuente de expresión para demostrar nuestra capacidad de diagnóstico. En este debate, echamos de menos la visión y preocupación de la Universidad de Magallanes, alma máter formadora de una gran cantidad de nuestros maestros. Aún no ha sido posible, a través de una investigación, medir hasta qué punto factores como el acceso a la educación y salud impiden que las personas valoricen radicarse en la región.

Es plausible, ante la emergencia que se vive en la educación municipalizada de Punta Arenas, que Robert Weissohn, integrante de Alma (Asociación Liberal de Magallanes), haya entregado su interpretación respecto de la génesis de la debacle del sistema de enseñanza. Desde su visión liberal, enfatiza la irresponsabilidad de una sucesión de administradores del sistema, que aumentaron el personal de la Corporación, hasta hacer imposible el solventar su equilibrio presupuestario. Weissohn ensaya una hipótesis, “hoy la Cormupa está llena de gente…sólo tiene 5,87 alumnos por empleado, mientras que en un colegio privado pagado es de 8,8 alumno por empleado”.

Metodológicamente, las variables manejadas por Weissohn, lo llevan a concluir  matemáticamente que hay exceso de personal en el sistema y, -por  una lógica liberal la recomendación es eliminar personal- incluso llega a precisar que serían 680 funcionarios. Aunque tenga la mejor voluntad para ayudar a resolver el calvario de la educación municipalizada, cae en el error  de repetir las mismas variables para estudiar universos diametralmente opuestos; uno, el mundo de la educación para los más vulnerables en la escala social, donde prevalecen desarrollos cognitivos de carencias producto de la desintegración social y cultural de los lazos parentales, con aquel otro del colegio privado. Valorizo la otra variable enunciada por él, la del prestigio, importante de considerar, el éxodo de alumnos del sistema municipal hacia el particular subvencionado.

El método aplicado por Robert Weissohn me ha motivado a conocer la realidad Cormunat, corporación municipal, a cargo de la educación en Puerto Natales. Sus autoridades recalcan que en ella todo marcha bien y los escollos han sido regularizados. Queda la impresión que no hay sobresaltos. ¡Oh!, pese a que se repiten las mismas fórmulas de la puntarenense: hay este año 425 funcionarios para atender 2.245 estudiantes, es decir, “sólo tiene 5,2 alumnos por empleado”. Al no existir una información pública de reconocimiento de una deuda y el monto deficitario en la Cormunat,  intuyo que la relación personal-alumnos, ni siquiera es una variable independiente al problema de la educación municipal.

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