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POR : RAMÓN ARRIAGADA SEPÚLVEDA

El día nueve de marzo del año 1917, arriba al muelle de la ciudad de Punta Arenas el barco de pasajeros “ Ortega”. Días después el diario local “ Chile Austral”, entregará a sus lectores una breve nota sobre el arribo de la embarcación, destacando que, “ Ha llegado del norte para pasar algún tiempo en Punta Arenas el distinguido literato Julio Munizaga Ossandón. El recién llegado es hermano del médico de la ciudad don Óscar Munizaga, a quién viene a visitar y es de profesión abogado”.

Otro diario puntarenense, resalta la visita del poeta Munizaga, agregando que por su calidad como creador poético, se había hecho acreedor al gran premio “ La Flor de Oro” en los Juegos Florales celebrados en la ciudad de Santiago en el año 1914. Dicho evento había impactado al ambiente intelectual de la época, por la calidad de la poesía que llegó a manos de los jurados; además, porque fue un acontecimiento social, donde la gran capital mostró el “glamour” y lozanía de sus jóvenes juglares rindiéndose ante la belleza de sonrojadas señoritas provenientes de los sectores acomodados.

Para ilustrar la valía de la creación del poeta que visitaba Punta Arenas en aquel año 1917, señalemos que junto a Julio Munizaga, también participaron creadores , que con el correr de los años, marcarían rumbos trascendentales en la cultura de este país, valorizado intelectualmente como un país de poetas. Entre los participante en los juegos florales de 1914, se encontraban: Pedro Sienna, Jorge Hübner Bezanilla, Max Jara, Carlos Mondaca, Manuel Magallanes Moure, Juan Guzman Cruchaga, Daniel de la Vega y Angel Cruchaga Santa María entre otros.

Una mujer y un soneto de muerte

Lo más significativo es destacar, que quien gana “La Flor Natural”, el mayor premio de aquellos Juegos Florales es una mujer. Pese a ser un concurso de versos alegres, de cotillones y señoritas glamorosas, buscando un cetro para abrirse paso en los salones de época, “ Los Sonetos de la Muerte” de Lucila Godoy Alcayaga, impactan en la competencia. Llevando como pie de autor, el seudónimo de Gabriela Mistral, la autora se mantiene alejada de la premiación. Talvez, previendo que las mujeres en ese escenario, son para recibir loas y sentimientos poéticos y no para ser protagonistas intelectuales.

Nuestros personajes, motivo de preocupación, tienen mucho en común. Gabriela Mistral, nace en Vicuña en abril del año 1889. En tanto, Julio Munizaga llegaría al mundo, el año anterior en la misma localidad del Valle del Elqui. Cuenta Gabriela Mistral en una carta a Pedro Aguirre Cerda “ mis estudios en la Normal de La Serena me los desbarató una intriga silenciosa- con la que se buscó eliminarme- por habérseme visto leyendo y haciendo leer algunas obras científicas que me facilitaba un estudioso de mi pueblo; don Bernardo Ossandón , exdirector del Instituto Comercial de Coquimbo”, confiesa que los contenidos de los textos facilitados por el familiar materno de Julio Munizaga Ossandón y su concepción de las cosas, demasiado desusada para una jovencita de la época, le traería problemas en el Liceo de Coquimbo, donde para costear sus estudios, trabajaba como inspectora.

En la misma carta a su amigo Aguirre Cerda, Ministro de la época, ( fechada el 1º de febrero de 1920) , expresa “El profesor de la Normal, presbítero M. Munizaga, hacía también clases allí y tenía mucho ascendiente sobre la directora. Me hizo ella una observación dura respecto a mi ateísmo, y a ésta siguió otra sobre mis tendencias socialistas”. El religioso inquisidor de la poetisa era el hermano de don Policarpo Munizaga Varela, personaje de mucha valía intelectual, también poeta, cuyos versos tomarán forma de un libro que editarán sus hijos con el nombre de “ Rimas Póstumas” en la litografía Universo en Santiago (1910).

Vidas paralelas

La inquietud del comunicar sentimientos y convicciones estuvo presente desde muy jóvenes en Gabriela y Julio Munizaga. Ella, siendo alumna de la Escuela Normal, ya escribía en el diario radical “ El Coquimbo”, sus artículos críticos respecto de la religión. Estos no fueron bien vistos y “el profesor de religión del establecimiento fue quien pidió se me eliminara como peligrosa” (Carta a P.Aguirre Cerda 1/2/1920).

En tanto, Munizaga publica su primer poema en la revista del Liceo de Hombres de la Serena a los 17 años con el título “ A mi madre”, también escribe en el diario local con diversos seudónimos. Al trasladarse a Santiago para estudiar Derecho en la Universidad de Chile, ya su nombre es conocido en revistas de circulación Nacional como “ Sucesos”, “Silueta Magazine” y “Selecta”. Estando aún en el Liceo serenense fue editor de la revista literaria “Penumbras” y también de una revista política “La Tribuna”.

La revisión de bastante bibliografía no ha permitido precisar, si entre Julio Munizaga y Gabriela, en los años adolescentes en su tierra natal, hubo puntos de encuentros en la producción intelectual. Cercanías no hubo, puesto que ambos provenían de ambientes sociales muy diferentes. Además porque la poetisa, desde muy jovencita, debió enfrentar el mundo del trabajo y hasta sórdidas instancias sentimentales con compañías afectivas como la de Romelio Ureta y Manuel Magallanes Moure. En tanto, los Munizaga Ossandón eran enviados con todas las regalías que una familia acomodada de provincia, podía brindar para la formación profesional de sus hijos en la gran capital.

La cercanía y la amistad entre ambos, es de suponer, devino por el evento donde ambos recibieron lo máximos galardones de una fiesta primaveral que llenó las páginas sociales de las importantes revistas nacionales.

En el país de los chilenos olvidados

La historia testimonia que el día 18 de mayo de 1918 en el vapor “Chiloé”, llega a la ciudad de Punta Arenas, la nueva directora del Liceo de Niñas de la ciudad, Gabriela Mistral. Los diarios de la localidad trasuntan, la sensación de contar en la convivencia diaria, con una mujer, que ya viene con el atributo de ser más que una conocida educadora, una de las más destacadas poetisas del habla hispana. Viene con el nombramiento entregado por el propio Ministro de Instrucción, Pedro Aguirre Cerda. Dicen las crónicas que en esta designación influyó, lo que hoy llamamos “lobby” del doctor Luis Aguirre Cerda, médico residente en la Punta Arenas en aquellos años. Traía dos misiones, nuestra divina maestra …”reorganizar un colegio dividido contra sí mismo y ayudar en la chilenización de un territorio donde el extranjero superabunda”. Al saber de la llegada de Gabriela a Magallanes, Carlos Pereira escribe al director de “ El Ateneo” de Madrid, una carta con una dura reflexión, “A este lugar han relegado los chilenos a su más grande poetisa”. No todos entienden, que ya en aquellos años Magallanes, ha comenzado a conocer los beneficios de la explotación de la tierra, que ya no es la colonia penal de antes.
Será común que la poetisa haga referencia en sus escritos al “país de los chilenos olvidados”, y más de alguno de sus amigos escritores recalque “ más lejos que ella sólo fueron los muertos”. En uno de los poemas de su libro “ Desolación” aparece aquella conocida sentencia… “ La tierra a la que vine no tiene primavera: tiene su noche larga que cual madre me esconde”.

Difícil será tanto para la recién asumida Directora del Liceo de Niñas de Puta Arenas, Lucila Godoy, como para Julio Munizaga el joven abogado del Banco Yugoslavo, comprender el entorno humano y la estructura social de la sociedad magallánica de aquellos años. Por ello, la educadora agradece a “ un equipo de hombres de cultura que me ayudó a ver y entender los “nudos” del caso magallánico –antártico, zona de dura de vivir, pero materia fascinante para el chileno”.

Un territorio llamado Magallanes

La gran cantidad de literatura revisada, para generar un marco de referencia en el cual se desplazaran los personajes de mi último libro, “ La Rebelión de los Tirapiedras. Puerto Natales 1919” ( Ediciones Universidad de Magallanes 2010), me permite entregar una caracterización de la sociedad magallánica de la segunda década del siglo XX. Brevemente, expongo los “nudos del caso magallánico”, parafraseando a la Mistral”.

ººººº Según el censo de población para el año 1917 Magallanes registraba una población de 25 mil habitantes de los cuales el 46 % eran extranjeros. Los pobladores del “Chile olvidado” vivían en un territorio de 171.438 kilómetros cuadrados. Un cronista de la época lo compara con Uruguay cuya extensión territorial es de 178 mil km2. A partir de las beligerancias que dan inicio a la Primera Guerra Mundial, las exportaciones de lanas, carnes y cueros tienen mercados seguros. Eran precios, jamás soñados por los colonizadores. La mayor parte de las extensiones de terrenos dedicados al pastoreo estaban en manos de las grandes empresas capitalistas de la tierra como lo era el holding Duncan Fox, de nacionalidad inglesa, propietaria de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego.

El transporte de mercaderías y pasajeros desde el norte de Chile por la vía marítima, no era aún asumido por el Estado y estaba mayoritariamente en manos de Braun y Blanchard, que también abastecía a la población a través de grandes establecimientos comerciales. En términos económicos de hoy, se daba un monopolio cruzado, Manuel Chaparro lo denomina “trust comercial”. Del mismo nivel de capacidad económica que Braun y Blanchard estaba la firma Menéndez Behety con tiendas comerciales, minas, estancias , frigoríficos y una linea de 16 barcos para el cabotaje regional y el transporte de carga y pasajeros entre Punta Arenas y Buenos Aires.

La maldita Aduana

Cronistas de la época señalan que uno de los errores del gobierno central de Chile, fue haber instalado en el año 1912 la Aduana en Magallanes. Ello, porque el gobierno chileno, quería detener la gran cantidad de mercaderías que “forzosamente” debía traerse de Europa por el tráfico marítimo del Estrecho de Magallanes al no existir aún el Canal de Panamá. Con el inicio de la Guerra escasearon los barcos de carga, lo que agravó la subsistencia de la población magallánica. Los habitantes del Chile Austral, presenciaban con cierta incertidumbre y rabia, como las restricciones aduaneras en Chile, traían en la contraparte argentina la mayor de las facilidades en los puertos argentinos de Bahía Blanca al sur. Ante lo cual Manuel Chaparro escribe refiriéndose a las políticas trasandinas : “ Su preocupación constante es ligar, con una fuerte corriente comercial, a Buenos Aires i Magallanes. En ello le secunda maravillosamente bien la población extranjera del territorio, que tiene muchísimo más simpatía por la Arjentina”.

Para dar una idea de la descapitalización de Magallanes y la partida de inversionistas hacia ciudades de la Patagonia Argentina, baste decir que Braun y Blanchard y la familia Menéndez Behety, aportan para un nuevo giro comercial que se llamará para los habitantes del sur argentino “ La Anónima”, estableciendo en los primeros años de fundación 17 casas comerciales en los pueblos y ciudades del vecino país. A la vez la casa comercial magallánica Stubenrauch, también abrió cuatro sucursales en la Patagonia argentina .

Soberanía por conveniencia

Son los años del término del esfuerzo pionero inicial. Los jefes de los grupos económicos que engrandecieron el territorio magallánico y generaron fuertes inversiones, al decir de un cronista de la época “ viejos , cansados del clima y el aislamiento en que se vive, se han ido a Europa o Buenos Aires, enviando en su reemplazo a sus hijos”. A la observación anterior, Chapparo Ruminot agrega “ Esta clase social, salvo honrosas excepciones, no guardó ningún amor a Chile, la tierra donde se han hecho millonarios”. Pero de esta desafección culpa, el abogado Ruminot, a los gobernantes del poder central en Chile , quienes “ nunca tuvieron una política de acercamiento a los dueños del capital en Magallanes”.

El gobierno de Buenos Aires de aquellos años, tiene una preocupación preferencial hacia personas como José Menéndez. Quien fuera uno de los pioneros en Magallanes; establecido en Buenos Aires, es permanentemente considerado por la autoridades políticas y escuchadas sus opiniones cuando se trata de implementar, de colonizar y poblar la Patagonia. Son los años en que el gobierno vecino, envía peritos a recorrer los territorios tanto argentino como chilenos en la Patagonia. Mientras nuestros funcionarios incompetentes dictan políticas hacia estos territorios, desde Santiago con un mapa sobre el escritorio. Chile jamás tuvo en esos años, personajes como el perito Moreno, Carlos Maria Moyano, Luis Piedra Buena y Silvano Agustín del Castillo. Eran “torcedores de ríos”, “trota-pampas” y “”corredores de hitos” pero imbuidos de una fuerte pertenencia por la integridad territorial de su patria. En Chile la debieron asumir personas venidas de otros confines del mundo.

En cuanto a la cuestión social, las faenas de la ganadería, daban lugar para la llegada de fuerza de trabajo, estratificada por las exigencias del mismo. Los administradores y personal de administración venían desde los países de la corona inglesa. Obreros calificados como caldereros, maquinistas, tripulantes, torneros y mecánicos eran reclutados en la zona central, sobre todo en Concepción y alrededores, pues los barcos pasaban a cargar carbón al puerto Lota. Los trabajos más sacrificados como puesteros, alambradores, mozos de quinta, amansadores y peones llegaban desde Chiloé.

Estaban agrupados los trabajadores en fuertes organizaciones gremiales, puesto que los administradores ingleses, aceptaban sindicatos cohesionados para una mejor discusión de los pliegos de demanda. La relación patronos con obreros era de corte capitalista, una excepción en un Chile, donde predominaban en las relaciones de laborales, el inquilinaje, institución que no había evolucionado de la antigua encomienda, era feudalismo puro.

El Síndrome de la leche condensada

Los salarios no guardaron relación con el costo de la vida, luego de la imposición de la Aduana en Punta Arenas. Chile trata de sustituir importaciones, de manera especial en los productos alimenticios. Subterráneamente comienza a emerger un malestar, que denominaremos el “Síndrome de la Leche Condensada”. Antes de establecerse Aduanas un tarro de la importada costaba 40 centavos; pasó a costar $1 con veinte pesos. Aparecen voces argumentando que además de cara , el tarro de leche condensada nacional, deja mucho que desear respecto al producto extranjero, en un territorio donde no hay animales que entreguen leche por el frío; en Magallanes donde a las mamás, argumentan, por el mismo factor climático se les corta la leche a los tres meses. Lo anterior está repercutiendo en la salud de los niños, denuncian los detractores de la medida centralista gubernamental, “ puede observarse un enorme número de párvulos atacados de raquitismo, con sus huesos torcidos y sus columnas vertebrales desviadas”.

Recambio y liderazgo

Es el Magallanes que recibe a Gabriela Mistral y Julio Munizaga. Su aporte futuro será preciado y apreciado en los grupos, donde los temas precitados preocupan. Se trata de un estrato emergente llegado a Magallanes y que está dispuesto a asumir una mayor presencia y liderazgo social, ante la partida de los grupos ligados al gran capital. En su mayoría son profesionales liberales ( abogados, médicos, docentes, empleados públicos calificados, ingenieros); cuyo ingreso no dependerá de los afanes monopolizadores y de hegemonía de las grandes sociedades de la tierra.

No hay que ser capcioso para darse cuenta que la recepción a Gabriela Mistral, con motivo de su llegada a la ciudad, sea tomado por este grupo emergente como una ceremonia de reafirmación de su identidad como grupo. Asiste el Gobernador Contreras, el juez Carlos Cerveró, el notario público Jorge Matta, los directores de los diarios locales Camilo Feliú, Gregorio Iriarte, Eduardo Cienfuegos y Manuel Zorrilla. El jefe de laboratorios Marcos Davison. Los médicos Aguirre Cerda, Munizaga, Dodds y Mateo Bencur entre otros. Los abogados Anguita, Munizaga Chapparo Ruminot, Burr y Anabalon. Los agentes de los bancos. Además de respetados ciudadanos como Juan Bautista Contardi, Manuel Iglesias, Luis Alberto Barrera, Lucas Bonacic, Guillermo Grace, Gilberto Alessandri, Carlos Foresti, Luis Correa, entre los más identificables.

El recibimiento es en los amplios salones del Hotel Cosmos y asiste Gabriela Mistral con las profesoras que han venido con ella del norte. La excepción será Rodolfo Stubenrauch, por aquel entonces Alcalde de Punta arenas. Ello, reafirma que este personero era un poco díscolo, al no confraternizar mucho con los de su estrato, talvez contrariado por aquello de las listas negras, impuestas por las firmas inglesas a los ciudadanos de nacionalidad teutona.

En el mes de mayo de 1919 aparecerá la revista “Mireya”, esfuerzo fundamental de Munizaga y la Mistral. En ella aparecerán colaboraciones de poetas y prosistas de jerarquía latinoamericana como Amado Nervo, Juana de Ibarbouru, Ramón del Valle Inclan, Angel Cruchaga Santa Maria, Alfonsina Storni. Eran colaboraciones espontáneas hechas llegar por estos intelectuales a esta revista del austro. Además la revista contaba con la colaboracion de los locales: doctor Dodds, Carlos Anabalón y Juan Bautista Contardi.

Gabriela Mistral, como directora del Liceo de Niñas, abre el liceo a las mujeres dueñas de casa que van a una Escuela Nocturna. Después del Silabario se sentaba rodeada por sus alumnas para hablar de lo que ella llama “conversación”, clases lo más alejada de la pedagogía pura. A juicio de Gabriela “ Fue allí donde yo toqué al pueblo magallánico y Patagonia. Podía haber vivido diez años sin contacto con él; el corte entre las clases sociales era allí grande y vertical”. Dejando un legado pedagógico significativo, parte de Punta Arenas, para hacerse cargo de la dirección del Liceo de Niñas de Temuco en marzo de 1920.

El barco cárcel

La sensibilidad profesional de Julio Munizaga Ossandón se manifiesta en circunstancias dramáticas. El día 23 de enero de 1919, se produce en Puerto Natales un fuerte enfrentamiento entre carabineros con obreros en huelga de los campos y frigoríficos del lugar. El resultado, fue de 10 muertos, seis dirigentes sindicales y cuatro carabineros. Debido a los problemas de información, a la capital del territorio llegaban noticias dramáticas de la vecina localidad chilena.

El día doce de febrero de ese año 1919, llega a Punta Arenas el vapor “Alejandro”, y a bordo el juez instructor de la causa, Oscar Miranda Aguirre, quien había llamado a declarar a los sospechosos de haber tenido participación activa en los sucesos. En las bodegas de la embarcación vienen los detenidos y encausados por homicidios, incendio, sedición, lesiones y desacato a la autoridad constituida. Se les acusa de desobediencia por haber tomado bajo control la ciudad de Puerto Natales. La federación obrera busca abogados del foro para defender a los inculpados que suman 29 personas. Tarea difícil, pues la mayoría de los profesionales abogados, tienen relaciones cercanas con los propietarios de la tierra. Al iniciarse la defensa, hay sólo un profesional que se compromete con la defensa, él es Julio Munizaga Ossandón.

El proceso se arrastrará hasta marzo de 1923, cuando los últimos inculpados recuperan su libertad, sin cargos. La larga estadía en la cárcel puntarenense se debe a la desidia de los jueces, junto a las presiones de las empresas de la tierra, pidiendo penas severas, dirigidas a servir de escarmiento a quienes pretendiesen en el futuro soliviantar el orden.

Muchos de los acusados estando en el recinto carcelario, enfermarán de tuberculosis. En el libro “La Rebelión de los Tirapiedras. Puerto Natales 1919” ( Universidad de Magallanes 2010), ha quedado el registro de las atribulaciones de reos y defensores en el proceso. Jamás, deja de estar presente el alegato fundamentado de Munizaga y sus colaboradores. Dos de los detenidos mueren en el transcurso del proceso por la grave enfermedad pulmonar.

 

A mediados de 1923, Julio Munizaga, por recomendación médica, viaja al centro del país a buscar mejores condiciones climáticas. Mostraba signos evidentes de afección en sus pulmones. En noviembre de 1924 deja de existir ante la sorpresa, en especial de los círculos literarios, quienes se referían a Julio Munizaga Ossandón, como uno de los poetas de mayor proyección en el firmamento de las letras nacionales. Un crítico literario, se refiere a la ambivalencia de esos años, para el quehacer de la poesía chilena… “Murió Julio Munizaga en noviembre. A comienzos del mismo año había muerto el gran Manuel Magallanes Moure. En 1922 aparece el libro inicial y más significativo de Gabriela Mistral, “ Desolación”. Ya Vicente Huidobro ha dado amplia prueba de su genialidad poética. Neruda irrumpe en 1923 con “Crepusculario”. Es una época que concluye y otra que nace”.

PUBLICADO EN EL BLOG DE ASRAEL, EL MARTES 31 DE ENERO- 2012

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