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Siendo niños, oímos hablar por primera vez, en círculos familiares, del capitán Low. Se decía que había navegado desde las costas de Chiloé hasta la Antártica, que era un avezado marino conocedor de los mares australes. Con cierto secretismo, oímos también, que era lobero, pirata y contrabandista. A nuestra imaginación infantil, este aventurero, que formaba parte del clan familiar, se nos antojaba un héroe de las novelas de Julio Verne o Emilio Salgari. En nuestros juegos infantiles emulábamos a este “viejo lobo de mar”, navegando imaginariamente en las procelosas aguas de los mares del sur del mundo. El paso del tiempo diluyó su figura en nuestra memoria. En forma ocasional, se hacía alguna referencia en juntas de la parentela, casi como una singularidad propia de nuestros antepasados.

Un casual encuentro con el Dr. Armando Alvarez, en una pequeña librería de Puerto Natales, recuperó para nuestra memoria a Mr. Low. Nos confidenció que estando en Brasil, realizando su beca de especialidad médica, encontró un libro que lo mencionaba como práctico y colaborador de las dos expediciones del Beagle por los canales australes, comandadas por Parker King y más tarde por Fitz Roy. Todo ello despertó su curiosidad e inició un minucioso estudio con la pretensión de registrar en un libro las andanzas y singladuras de nuestro personaje.

Tiempo después se materializó en “William Low, Lobero del fin del mundo”. El libro nos orienta hacía las postrimerías del siglo XVIII e inicios del XIX. Con la instalación de la gran actividad económica producida por la explotación de mamíferos marinos: lobos de uno y dos pelos, el aprovechamiento de la grasa de elefantes marinos y ocasionalmente la grasa de ballena. Recordemos que esta última era utilizada como combustible para iluminar los faroles de las grandes ciudades europeas.

El autor, retrata así la vida recia y dura de los loberos “Luchando contra uno de los peores climas de la tierra, en un mundo frío gobernado por el viento, la nieve y el hielo, los loberos como William Low supieron sobrevivir y realizar su tarea cazadora durante largas temporadas, arriesgando la vida cada día. En una tierra agreste carente de vegetación, la misma grasa ardiente de sus víctimas fue la que los mantuvo vivos en ese infierno frío, ocupando cavernas naturales y refugios improvisados, aprovechando al máximo el verano austral”(En las islas Shetland del Sur) Como se ve,el trabajo implicado en estas labores, tanto a bordo como en tierra, conllevaba una cuota de gran precariedad y riesgo.

El método para dar caza a estos mamíferos marinos era, por decir lo menos, bastante cruento, premunidos de un garrote o macana de aproximadamente un metro y medio golpeaban a los animales en la nuca o bien en el hocico, una vez aturdidos y en el suelo, procedían a desollarlos con prontitud, algunos loberos tenían tal habilidad que de acuerdo a testimonios escritos, lograban descuerar unos sesenta en una hora.

William Low nació en Escocia en una fecha imprecisa, se presume en el Puerto de Greenock, hijo de un respetado comerciante de tierras, muy joven se inició como marinero, hasta llegar a capitán de un barco cazador de focas en las tierras australes de América. En su primer encuentro con Charles Darwin en las islas Malvinas lo describen como sigue:

“un hombre notorio y singular, que ha frecuentado estos mares desde hace muchos años y ha sido el terror de todos los barcos pequeños. Comúnmente se dice, que “un cazador de focas, un esclavista o un pirata son todos el mismo oficio”; todos ellos requieren ciertamente de hombres enérgicos y audaces; entre los cazadores hay frecuentes peleas por los mejores sitios de caza. Y en estos combates el capitán Lowe ha ganado su fama”

En sus primeros contactos con los pueblos originarios estableció relaciones de buena convivencia y amistad ganándose el respeto de ellos, lo que se expresó en una carta que les entregó;dirigido a cualquier barco que transitase por el Estrecho de Magallanes, indicando que los indígenas era amistosos y donde recomendaba que los trataran bien. Se sabe que junto con una partida de Tehuelches, se internó en la Patagonia y sembró papas, siendo así de los primeros en iniciar este cultivo. Abrió la ruta de navegación del Estrecho a través del Canal Magdalena, por lo que se le atribuye su descubrimiento, siendo este hallazgo de máxima importancia para la navegación a vela.

Durante su estadía en las Malvinas, no sólo se dedicó a la caza de lobos, sino que también se internó en cacería de animales baguales, a pie con fusil, acompañado tan sólo de un perro. En la llamada “rebelión de los gauchos” de Islas Malvinas, salvó su vida puesto que estaba navegando en jornada de caza. Y es recordado en la geografía malvinense en sitios como; la Bahía Low en la costa oriental de la Isla Soledad y el monte Low, ubicada a la entrada del seno Berkeley, indicando así su importancia como informante en estos levantamientos cartográficos.

Posteriormente el capitán Low se asentó en la zona de Chiloé, formó una familia que tuvo numerosa descendencia, la que habitaba en la ciudad de Quellón y principalmente en Isla Coldita. En esta zona también contribuyó en levantamientos cartográficos y en las islas adyacentes al sur de Caylin existe el puerto Low o puerto de Low.

Armando Alvarez, nos entrega una acabada y bien documentada información sobre la historia del cono sur de América, donde audaces navegantes, exploradores y aventureros recorrieron la intrincada geografía de los mares australes, seres enigmáticos, que con su osadía permitieron el levantamiento cartográfico de una zona desconocida para esos tiempos y que con su aporte permitieron la navegación y el establecimiento de rutas comerciales seguras por el continente y quien, sin duda, poseía la pericia y conocimiento de esta zona, por sus largas singladuras de casi dos décadas en los mares del sur del mundo, era el capitán Low.

Es meritorio este libro, recuperar para la memoria colectiva, la presencia de intrépidos aventureros y exploradores desconocidos de la Patagonia a través de un navegante como William Low, que trascendió las fronteras del anonimato. Su historia perdura hasta hoy, por su destacado e imprescindible conocimiento de la tierra patagónica.

JORGE DIAZ BUSTAMANTE

PUERTO NATALES, ENERO 2019.

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